un club más Barcelona

Barcelona, un club más

Por: / enero 20, 2020

Es un hecho que el Futbol Club Barcelona nunca podrá alcanzar las trece Champions League ganadas por el Real Madrid. Las matemáticas y la historia son muy claras. No debe ser fácil vivir con ello, pero esa pesadumbre todavía hoy es soportable para los millones de culés cuando los éxitos pasan revisión por el filtro de las formas.

Todo mundo recordará al  Barça de Guardiola; menos personas recordarán a Real Madrid de Zidane, aunque haya ganado una orejona más. Eso dicen ellos, los blaugranas. Razón no les falta . No es ni siquiera un consuelo. Se trata de la expresión más neutral posible. A los catalanes podrán superarlos en números, pero no es eso lo que les desvela. El triunfo a cualquier costo, en este idioma, equivale a la intrascendencia. Poco se puede reprochar a esta premisa, y en un futbol tan dado a mitificar el qué por encima del cómo, adoptar la manera de pensar del barcelonismo no podría ser sino saludable.

Las cosas que no se pueden medir son las más difíciles de ganar. No hay una máquina que pueda calcular la belleza de una jugada ni la estética de un gol. Con el Barcelona los números siempre fueron en segundo término. El resultado quedaba a expensas del juego. Un goleada sin formas sería una afrenta para la escuela cruyffista. Mientras en cualquier sitio el marcador era padre y señor del juego, en aquel edén futbolístico las santificadas formas sometían a su gusto a los fríos números. Así solía ser.

Cierto es que su futbol aburrió a algunos. Su autoridad moral para hablar de valores elementales en el juego fue cuestionada cuando alguna decisión arbitral se inclinaba hacia ellos. Messi ha padecido todos los vituperios imaginables. En suma, el Barcelona fue cayendo de diversas gracias. Cada minuto en la cima los hacía ser tan odiados como el rival de enfrente. Sus detractores descubrieron recónditos motivos para que odiarles tuviera justificación.

El responsable de la pérdida de estilo no es Ernesto Valverde, un técnico que entregó buenos números. El vilipendiado entrenador es consecuencia y no causa de profundos problemas que anidan en el seno del club.  Los directivos del Barcelona, encabezados por Josep María Bartomeu no velan por las formas; su incapacidad operativa e incomprensión del juego los vuelve presas fáciles de la opinión mayoritaria. ¿Cuándo un entrenador fue despedido por perder la Supercopa? La cúpula del equipo podrá excusarse diciendo que escuchan a la gente. Pero pasa que la gente ya no sabe qué pedir ni qué esperar. Ellos también han dejado de ser los que antes fueron. Ver ganar al enemigo cuatro Champions en cuatro años  —y ganar sin cuidar las formas, al precio que sea— tiene sus efectos. A cualquiera se le mueren las convicciones una vez presa de la rabia y la envidia.

El Barcelona ha dejado de ser más que un club. Sus valores se difuminan año tras año; el equipo que se dice diferente al resto ha optado, a fin de cuentas, por parecerse a todos. Lo deprimente no es ser igual a los demás; en todo caso, lo deprimente debería ser parecerse tanto al Real Madrid, pero con ocho Champions menos.

 

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