Carlos Ridriguez, Monterrey, Mundial de Clubes, Liverpool

Sin Cláusulas

Por: / diciembre 23, 2019

Carlos Rodríguez está listo para volver a Europa el día de mañana. (Ya jugó un año en la tercera división de España.) Pero se quedará en México por tiempo indefinido. Esta semana, luego de su notable partido contra Liverpool en el Mundial de Clubes, Monterrey tasó su cláusula de rescisión en 14 millones de dólares.

Las condiciones futbolísticas del juvenil podrían valer esa cantidad. Poco se puede objetar al respecto en un mercado que está reventado desde hace años. Sin embargo, al entorno mexicano (clubes, jugadores, aficionados y prensa) le hace falta comprender que los ojos del mundo no voltean a ver la Liga MX.

Pruebas sobran, y la más reciente la dio Jürgen Klopp: desconocía no ya el futbol mexicano, sino la ubicación geográfica del país como tal. Es verdad que Xavi Hernández dio detalles generales sobre su rival en turno: dijo cómo jugaba Monterrey, cuáles eran sus virtudes y sus jugadores más talentosos. Que nadie se confunda. Xavi no se levanta a las cuatro de la mañana de un sábado (viernes aquí) para ver un Monarcas-Tijuana; estudió a su oponente y nada más.

Comprender que la liga mexicana es irrelevante ante los ojos del mundo es un primer paso. Y aunque parezca obvio decirlo, por todos lados abundan quienes la usan de brújula para situarse en el mapa futbolístico.

El resultado de la sobreexposición mediática del balompié local tiene como resultado que existan aficionados que piensen —muy en serio — que la Liga MX es mejor que La Liga porque allá “siempre ganan los mismos”. A lo mejor si en España hubiera liguilla, en una de esas el Granada sale campeón.

Por supuesto que América, Tigres o Monterrey podrían pelear lugares de media tabla hacia arriba si jugaran en Europa. Claro que el Estadio BBVA es mucho más moderno y lujoso que los recintos del Getafe o Atalanta. Desde luego que solo la élite europea puede presumir una infraestructura similar a la del Pachuca. Por dinero no pasa el asunto, aunque competencias como el citado mundialito demuestren que los equipos aztecas son ricos entre los pobres y pobres entre los ricos.

De cualquiera modo, esa capacidad económica (por más relativa que sea) está en la cima del continente, solo equiparable a la de Estados Unidos y Brasil. Y es ella misma la responsable de bloquear la salida de los jugadores jóvenes. Se piensa que si ya lo tienen todo aquí, únicamente habrán de moverse cuando un integrante de la aristocracia europea venga a pagar, como mínimo, más de diez millones de dólares.

Ha habido casos: Edson Álvarez y Diego Lainez, recientemente. Pero que un futbolista mexicano que juega en liga mexicana tenga ese valor es una excepción. Cierto es que si en lugar de mexicano fuera brasileño o argentino, valdría el doble, cuando menos; cierto también que si jugara en la liga austriaca, por dar un ejemplo, tendría más posibilidades de ser fichado por un aristócrata europeo. Y aquí viene el segundo paso de aceptación.

El mercado de jugadores no está consolidado en Europa como sí lo están el brasileño y argentino, y por eso no valen lo mismo. Es sencillo: cuando México tenga a diez jugadores esparcidos entre los diez mejores equipos del mundo, tal vez sería válido reclamar que no se le dé el mismo valor a un Carlos Rodríguez que a un Arthur.

Ahora, en cuanto a equipos, para un europeo, digamos Jürgen Klopp de nuevo, es más cómodo voltear a ver la liga de Austria y concretar el fichaje de un futbolista japonés como Takumi Minamino, que buscar a algún refuerzo en la plantilla de Santos Laguna, líder general del último torneo mexicano.

Si se quiere ver de un modo azaroso, habría que expiar culpas en la geografía: México no está en Europa y, por lo tanto, los partidos de su liga local son vistos como lejanos, exóticos o meramente intrascendentes.

Aunque influye, como se ha explicado, hay otra razón de peso que rara vez se toma en cuenta: la labor formativa que tienen clubes de ligas pequeñas o clubes pequeños en ligas grandes. Ahí radica la diferencia. Quedarse en México equivale a ganar dinero rápido con una carrera técnica; ir a Europa es estudiar una carrera universitaria, con la remuneración pospuesta, pero asegurada para el futuro si las cosas marchan bien.

En su día el Manchester United fichó a Javier Hernández sin intermediarios. Alguien en el equipo inglés de esforzó por observar un talento a larga distancia. ¿Por qué no hacerles la tarea más fácil? Que los futbolistas tengan oportunidad de salir a mostrarse a Europa. Sin importar que salgan por debajo de su precio. Todo vuelve en la vida. Si estaba en su destino triunfar en aquellos lares, es seguro que dos millones de euros se trasformarán en 80. Lo que aprenda un futbolista mexicano en Europa, en plena edad de formación, no lo va a aprender ni jugando treinta liguillas. Carlos Rodríguez tiene que irse mañana mismo.

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