REINA Y LEYENDA

Por: / agosto 30, 2017

Anoche, en punto de las 21:30 horas, Dios salve a la reina, brindó un recital en el que a través de la música el pasado se mezcló con el presente para así evocar durante dos horas al grupo inglés Queen. El lugar elegido para tal ritual sonoro fue el Pepsi Center WTC, que albergó a la multitud que a cada instante se dejó seducir e hipnotizar por cada canción.

Almas de diversas edades estaban ya congregadas a la hora dispuesta por este grupo tributo a la leyenda de Queen. En instantes las pocas luces que permanecían encendidas fueron apagadas en su totalidad, un silencio atronador se apoderó del ambiente. De pronto, un riff estalló en la oscuridad para acabar con ella, Tie Your Mother Down era la presentación con que Ezequiel Tibaldo (Bajo y coros), Francisco Calgary (Guitarra, teclado y coros), Matías Albornoz (Batería y coros) y Pablo Padín (Voz y piano) llegaban al escenario.

Después de tal tempestuosa apertura, la inconfundible introducción de I Want It All le precedía. Dos canciones recién y el concierto era ya una fiesta que contagiaba a cada asistente. Y así, sin descanso alguno para el asombro, es que Ezequiel Tibaldo inundo el frenesí con su bajo para dar paso a Another One Bites the Dust. El grupo originario de Rosario, Argentina, dio un pequeño respiro cuando la melódica Killer Queen se hizo escuchar.

El piano introducía a un riff que en una danza combinaba con la fuerza en los platillos, sin dejar de lado al bajo que servía de puente para unirles, se trataba de Flick of the Wrist. El piano acompañó Save Me. La energética Now I’m Here continuó

Llegó el momento de la mítica Under Pressure, el bajo y el piano provocaron –aún más—que el público le coreara con fervor. La noche y el sueño de la añoranza seguían creciendo cuando sonó Need Your Loving Tonight. De nuevo el piano entraba a escena, y con Somebody to Love Pablo Padín mostraba –de nueva cuenta —su fuerza vocal para sumergir a todos en una ensoñación que les acercase a lo que pudo haber sido escuchar a Freddie Mercury.

Francisco Calgary se hizo del escenario y dejó claro su virtuosismo con la guitarra al envolver con unos solos, para después dar paso a One Vision. Imposible no contagiarse cuando tocó el turno de escuchar A Kind of Magic y Princes of the Universe.

Diosa Salve a la Reina en el Pepsi Center. FOTO: Ricardo Olín

Who Wants to Live Forever, You Take My Breath Away y Love of My Life con guitarra acústica fueron el interludio para las gargantas exacerbadas en una noche que –por fortuna—aún no terminaba

Driven By You permitió escuchar ya no sólo escuchar los riffs de Francisco Calgary, sino también su voz. Pero sí como no fuese suficiente lo que en el ritual musical sucedía, I Want to Break Free elevó los sentidos de las almas que transpiraban cada letra. Los sintetizadores y la batería introdujeron a Radio Ga Ga, es aquí donde las palmas de todos hicieron eco ante el coro. La nostalgia tomó tintes de rock n´roll cuando Crazy Little Thing Called Love ursurpó el silencio.

La piel se erizó cuando Pablo Padín se sentó y en el piano esbozó el himno por excelencia de la banda británica, Bohemian Rhapsody se encumbró entre gritos, aplausos y emoción de quienes azorados le coreaban con corazones delirantes ante el contagio de la música.

Después de tal proeza, el grupo rosarino entre el éxtasis del público abandonaba el escenario. Los aplausos llovían, pero así también un grito al unísono que proclamaba “¡Otra, otra, otra!” Segundos después regresaron con una fuerza tal que desbordó en Don’t Stop Me Now y Big Spender.

La memoria estremecida esperaba todavía más, es así que la mesura y estruendo melódico de We Will Rock You y We Are the Champions arrancaron hasta el último aliento de los fieles de la Reina.  La nostalgia encontró final con las notas de God Save the Queen.

Más allá del vestuario característico, las luces “clásicas” y atmósfera que crean para sumergir a quienes le miran, Dios Salve a la Reina tocan el alma a través de su innegable virtuosismo musical. Su pasión permite evocar lo que fue y escuchar lo que ya no será.

Pablo Padín como Freddie Mercury. FOTO: Ricardo Olin

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