LO QUE EL DINERO NO COMPRA 2.0

Por: / junio 1, 2021

Hace un año estaba desarrollando mi argumento sobre por qué, inexplicablemente, el corazón se interpone a los millones de billetes en los partidos impotentes. Esa vez, le tocó ser juzgado al PSG y hoy; estoy aquí para destruir pieza por pieza y parte por parte al Manchester City. Un equipo que todos pensaron saldría campeón de Europa, cosa que no sucedió.

 

Si bien es cierto que las inversiones ayudan de mucho, también lo es, que no solo se necesita comprar para solucionar problemas. Desde que llegaron los jeques a este club inglés hicieron una innovación en su estadio y plantilla que llamó poderosamente la atención de propios y extraños. Comenzaron a cosechar títulos de la mano de fichajes importantes, como lo fue Sergio Agüero en su primera campaña, la misma en donde salió campeón de Inglaterra con ese icónico gol ante el Queens Park Rangers.

 

Poco a poco se coló en la élite. Recordemos que antes de esta temporada ya había jugado unas semifinales de Champions League. Aquella vez no pudieron contra el más grande del continente, pero trabajando y manteniendo (si es que existió) una base futbolística, derrotaron al PSG para avanzar a su primera final europea. Hazaña que pudimos ver todos hace unas semanas.

 

Quitando que sea hincha del Chelsea, neta no comprendí que fue lo que orilló a todos a irse del lado sky blue. Periodistas, analistas deportivos, choferes, personas prácticamente desconocidas y que escuchaba diciendo: “el City”. ¿El City? Sinceramente sí me encantó que sus boquitas quedaran bien cerradas luego de que pitaran el final en Porto. 

 

Primero iré con “The Blues”: qué recital se mandaron Rüdiger, Kanté y James. Tres futbolistas que hicieron de la segunda orejona algo posible con su temple y posicionamiento en el terreno de juego. N’Golo está para ser amo del universo, estoy seguro de que el ente que creó al mundo, designó a Kanté como núcleo del mismo. Esas intervenciones de los otros dos que menciono; fueron vitales y me siento feliz porque todos los televidentes supieron cómo y quiénes juegan los pupilos de Thomas Tuchel. 

 

Me paso del otro lado. Me siento mal por Kevin De Bruyne, pues él no tuvo la culpa de nada en el partido. Su fractura en el pómulo, la impotencia reflejada en su rostro y el mal juego que estaba dando hasta esos minutos; se compensarán en el momento en que sea campeón de la Champions. Ya le llegará la suya. Pero esa -la del sábado- no era para él, ni para algún otro futbolista ‘citizen’.

 

Ahora bien, Josep Guardiola no es una mentira ni mucho menos un “pecho frío”, pero cometió un grave error: ponerse a inventar en plena final europea. Si les soy honesto, me dio gusto verlo caer, porque esa mancha jamás la podrán quitar de su carrera; a menos que haga campeón de Europa al Manchester City, cosa que sinceramente dudo. Pep no ha podido ser campeón de UCL con otro equipo y ese sentimiento sobrevalorado lo está externando poco a poco. 

 

No fue una final aburrida; fue demasiado táctica. Estrategia de ambos lados y casi ninguna individualidad notoria. Marcador cerradísimo, que afortunadamente abrió Kai Havertz con su primer gol en el mejor torneo de clubes del mundo y aunque digan que el Chelsea también es dominado por un ruso que tiene millones de euros: ese equipo ya sabía lo que significaba ser campeón de Europa. Les guste o no, esa es la realidad. 

 

Inglaterra volvió a tener un monarca en la Liga de Campeones, mismo que pintó completamente de color azul al país. Pero no del tono del agua que hay en el mar de Manchester, sino de un azul marino que solo existe en el cielo londinense y eso jamás; jamás lo podrán borrar de la historia. Porque para ser grandes, primero se deben hacer las cosas y luego presumirlas. 

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