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João Félix: Inquisición precoz

Por: / enero 27, 2020

Dicen verdad quienes sostienen que el futbol está sediento de ídolos. Esa necesidad imperiosa es la culpable de que un futbolista de 17 años sea fichado por 45 millones de euros, como lo hizo el Real Madrid con Vinicius Júnior. Bastan unos cuantos destellos, algunos informes, y casi ningún partido de primer nivel, para justificar un pago desorbitado por una joven promesa. La manía, desde luego, se ha extendido por todas partes del mundo y parece que dentro de los próximos años se llevarán a cabo fichajes prenatales, tal cual ha pronosticado Juan Villoro.

El peso que, a partir del momento del fichaje, acompaña al novel futbolista es proporcional al dinero que se ha depositado en él. Un chico de 18 años, que hasta un determinado momento ha cumplido con los estándares de exigencia de quien aspira al profesionalismo, tiene que lidiar con la presión de satisfacer las expectativas que el mercado ha puesto en él. No tiene cincuenta partidos en la espalda, ni cuarenta, tal vez ni treinta, pero algún visor profético y un directivo receptivo decidieron que 120 millones de euros pueden desembolsarse sin el menor rubor. De esta forma, lo incomprensible se vuelve cotidiano: João Félix costó 45 millones de euros más que Zinedine Zidane, por poner uno de tantos ejemplos disponibles.

Hay quienes responden bien a las prematuras valoraciones que se hacen de ellos. Erling Braut Håland ha debutado con cinco goles en sus dos primeros partidos de la Bundesliga con el Borussia Dortmund. Las comparaciones con la presa más fácil no se han hecho esperar. El noruego ha costado «apenas» 20 millones de euros y su rendimiento ya ha sido más productivo que el de João Félix. El futbol sediento de ídolos de inmediato catapulta a uno como futura estrella; el futbol inquisidor, por su parte, condena al otro como una mentira, palabra que fascina a los escépticos de profesión.

El futbol, como la vida, se trata de altas y bajas, de momentos y lugares. Quien hoy está en la cima, mañana podría estar en el averno; quien hoy juega en un equipo desconocido de Egipto mañana podría ser la figura de la Premier League; quien hoy juega en un equipo que pelea el descenso en Italia ayer le marcó dos goles a Alemania en una Eurocopa. Algunos descubren sus virtudes tarde y en el ocaso de los veinte fulguran y arrebatan alaridos, otros las muestran al mundo desde temprano y a los 25 deciden jubilarse en el paraíso chino. Eso si bien les va. La lista de falsas promesas (los nuevos Messi, Pelé, Zidane, Ronaldo) es infinita y seguirá creciendo sin asomo de duda.

Al futbol le gusta la cursilería, pero la inquisición le encanta. Abundan fotos de las joyas del balompié en las que, siendo unos niños, posan junto a sus ídolos, esos que ahora tienen de frente en la cancha, como compañeros o como rivales. Los millones de likes que esas imágenes recolectan son lo menos importante. Entre más precoz sea un jugador más estará al acecho de la adulación sin medida o de los juicios flamígeros. Futuros emperadores o carne de cañón, que el tiempo lo decida.

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