Gente como Gago

Por: / febrero 4, 2020

Fernando Gago quería jugar. Se había roto los ligamentos cruzados y no podía mantenerse en pie. El drama, sin embargo, se había convertido en lo habitual. La piedad de algunos, la risa y el desprecio de otros tantos. Argentina se jugaba el pase al mundial. «Son los cruzados», le dijo el médico. «¡No importa!», exclamó desde el alma, iracundo, exigiendo que lo dejaran jugar.

Cómo se le ocurre romperse en un momento así. Que se retire y se deje de joder. Un tipo como él no puede ser profesional. Lo de siempre, las reacciones voraces de quienes hacen un festín de la desgracia ajena. Un vídeo viral en el que se muestra su desesperación por seguir jugando despertó compasión, incluso admiración. Hay que tener una evidencia, en este caso un vídeo con subtítulos, para reconocer la valía de un futbolista que ha regresado enemil  veces de las lesiones más dolorosas que puede tener un futbolistas profesional. No hay de otra.

Un año después, en la final de Copa Libertadores contra River Plate, Gago se volvió a romper. No existía persona con peor suerte en el mundo. La compasión de antes confirmó ser hipócrita y artificial. Qué fácil es apretar el botón de «me divierte», y qué divertido es proferir burlas desde la comodidad de la intrascendencia. En los vestidores, ‘Pintita‘ les dijo a sus compañeros que el futbol se había terminado para él. No más dolor. Eligió seguir por su hijo, que quería verlo en la cancha.

No es la primera vez que lo pensó. El retiro pasó por su mente variadas ocasiones. Pero su destino manifiesto no podía sucumbir ante la adversidad, por más tortuosa que esta fuera. Y es que a los 20 años, Gago había sido multicampeón en Boca, llegó al Real Madrid y ganó la Liga en seis meses, en la selección argentina su nombre y sus condiciones lo situaban como el heredero de Fernando Redondo. Imposible escribir mejor prologo.

Sin embargo, su carrera en Europa terminó prematuramente. Fue referente de Boca, sin llegar a la categoría de ídolo y sin ganar la Libertadores. Messi encontró en él a alguien que hablaba su idioma futbolístico. No es fácil entender a los genios, y él lo hizo. No tuvo una mala carrera, no desperdició su talento, no perdió el piso nunca. Y a pesar de todo, qué nostalgia imaginar lo que pudo haber sido si su cuerpo lo hubiera respetado.

Las lesiones son uno de los elementos más característicos de los héroes. Caer y levantarse. Vencer las pruebas de la vida. Estupideces por el estilo. Aquí no hay final feliz. Esto no es Hollywood. Gago ha confesado que lleva quince años con dolores en el Tendón de Aquiles. Todos los días, sin excepción. Se lo podía romper en cualquier momento, con un pase o «al bajar del auto», según sus propias palabras. Al final, se lo rompió dos veces. Podía pasar y pasó; todo lo que pueda salir mal va a salir mal.

Y, cuando los traumas parecían empezados a superar, volvió a romperse. Fueron los ligamentos otra vez, una última vez quizá. Ahora fue con Vélez Sarfield, equipo en el que Gabriel Heinze lo acogió y del que ya era indiscutible. Otros puntos suspensivos a su carrera. Tanto dolor, tanto quirófano. A lo mejor ahora sí. Nadie lo va a juzgar si pone fin.

Ahí ha estado todos estos años. No se queja. Llora pero no lloriquea. No se hace de su dolor un espectáculo público. Rehuye a la heroicidad, aunque pocos la merezcan como él. No hay final feliz. Y la verdad es que no importa. Gente como Gago le queda grande a los finales felices.

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