Futbol, ¿para qué?

Por: / mayo 18, 2020

Ningún fenómeno masivo padece tanto desprestigio como el futbol. Todos los días miles de personas se despiertan con la idea fija de descubrir un motivo más para odiarle. Se sabe que odiar lo popular brinda un estatus de superioridad en estos tiempos; por más superficial, inservible y falsa que dicha autocondecoración sea. Pero el asunto está claro. Y qué mejor que odiar al fenómeno masivo más popular del mundo. El efecto placebo de no ver lo que todos ven. Parecen decir: «bueno, no leo ni me informo, pero al menos no estoy idiotizado por 22 hombres corriendo tras un balón».  Sin embargo, los odiadores del futbol no son uniformes. Claro que no. Son bastante originales. A continuación, una breve descripción de algunos de ellos.

El que no puede creer que un futbolista gane más que un médico. Sí, es injusto. También aplica para actores, cantantes o youtubers. Y para otros deportistas, como beisbolistas, boxeadores, basquetbolistas. Una lista interminable. Pero, ¿cuestionar a cuál de esos dejará más likes? A quién le importa que este jueguito en México genere 193 mil empleos y aporte 54% del PIB de actividades deportivas y el 25% de actividades de entretenimiento (ganan mucho dinero porque generan mucho dinero). No, señor. Lo importante es tener  aprobación gracias a un tuit crítico y sesudo.  También se cuestiona que un jugador sea más popular que un científico, como si los científicos estudiaran para ser populares (muchos de ellos lo logran). Una obviedad que hay que decir: el futbolista es popular porque forma parte de una industria masiva. A lo mejor por eso, ¿no?

El que aprovecha su tiempo para leer y no ser parte de «la borregada». Un clásico. Su mejor arma es la cita de Borges (a quien dudosamente habrá leído): «el futbol es popular porque la estupidez es popular». Bravo. La relación entre el futbol y la cultura es amplia y compleja. Existe buena y vasta literatura sobre futbol. Innumerables mentes lúcidas profesan ya no se diga gusto, sino abierta pasión enfermiza por el futbol. Sociólogos y antropólogos cada vez lo estudian más como el fenómeno social que es. Nada de eso atrae a los «amantes de las letras». Una derivación de este odiador es el revolucionario de la redes, que califica al futbol como el «opio del pueblo». Didier Drogba, en una historia ya muy conocida, detuvo una guerra civil en su país gracias a un discurso televisado. Con eso hizo más que lo que cualquier guerrillero de Instagram vaya a lograr en esta y en diez vidas.

El periodista/analista deportivo que se da golpes de pecho. Es el típico periodista deportivo inhabilitado para hablar de otras cosas que no sean futbol. Pero cuando hay un suceso relevante (como una pandemia) aprovecha para recordarle a todos que hay «temas más importantes». Hace un mea culpa y se corta las venas por ser fanático de un deporte insulso. Se esfuerza por evidenciar que de esos «temas más importantes» no entiende mucho. Incluso, llega a caer en noticias falsas, como también le pasa con temas futbolísticos. Y es que, en realidad, el futbol tampoco se le da muy bien; es incapaz de ver más allá de los goles del fin de semana. Nunca habla de los males que lo habitan: corrupción, racismo, dopaje, violencia, intereses particulares, presión a menores de edad. Y si no entiende lo complejo que puede ser el juego del que supuestamente sabe, mucho menos entenderá la complejidad de «temas más importantes». Pero venga, el hambre de likes manda.

Los aficionados también son responsables de esta moda. Un deporte tan idealizado, como si no tuviera defectos, será siempre objeto de ataques. Es la reacción natural a tanta cursilería. Por ejemplo, esta semana abundarán hasta el hartazgo, con tonos melosos, los fanáticos que griten a los cuatro vientos cuánto extrañaron los partidos, que no pueden vivir sin ellos, y que adoran la Bundesliga. Es necesario entender que el futbol es importante. Pero, sobre todo, es necesario entender por qué es importante. Si hay alguien que se despierta pensando qué problema podrá achacarle hoy al futbol, la forma más inteligente de neutralizarle sería que otro alguien, al despertar, pensara: ¿qué aprenderé hoy gracias al futbol? 

 

 

 

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