Messi, Balón de Oro, Argentina, Barcelona

Escepticismo a prueba de Messi

Por: / diciembre 4, 2019

El futbol suele ser terreno fértil para la discusión. Los tiempos actuales, sobra decirlo, permiten opinar sobre el juego como nunca antes. Como en tantos aspectos más del ecosistema virtual, las pláticas sobre la redonda están plagadas de insultos y diatribas, pero, sobre todo, de un sinfín de mentiras individuales que pasan a ser convalidadas a los ojos del mundo bajo el lema de “es mi tuit”.

Lionel Messi ha ganado su sexto Balón de Oro esta semana. Un prodigioso futbolista, con un talento fuera de toda descripción, cuya calidad es universalmente reconocida por quienes tienen dos ojos y tres neuronas funcionales.

No es necesario ser aficionado del Barcelona para valorarlo. Ni mucho menos ser argentino. Pero de ninguna manera el rosarino está a salvo del furor de los indignados.

No es sorprendente que exista gente que le cuestione su legado y hasta su talento. (Jamás lo van a ver como el mejor futbolista de la historia). Normal, si se toma a consideración que existen personas —millones, a decir verdad— que con tal de llevar la contra son capaces de decir que la Tierra es plana.

Siempre existirán escépticos a los que nada les llene y ningún logro les parezca plausible. Sus argumentos, repetitivos y autómatas, casi que se han convertido en  muletillas: Messi no aparece con Argentina, no ha ganado la Champions en cuatro años, Maradona sí sentía la camiseta, Pelé ganó tres mundiales; todo vociferado hasta el hartazgo.

No hay gol, regate ni asistencia que no pase por el filtro irremediable del demérito. Cuando el exitoso fracasa, el escéptico de profesión encuentra motivos para el placer; cuando el exitoso triunfa, encuentra razones para aumentar su vanidad y reforzar sus creencias, que son eso, creencias. Muy diferentes a las ideas y sideralmente lejanas a las convicciones.

Este fetiche denostador no es exclusivo ni del futbol ni de Messi, pero acaso sean ellos, industria y máximo exponente de tal industria, los blancos favoritos para ejercitar la ancestral costumbre humana de sentirse superior al resto. No reconocer a Messi parecería un acto de lucidez. “Yo no soy como los demás. Yo no me dejo sorprender”. La soberbia en ese discurso solamente es equiparable a la ceguera con la que miran el juego.Lionel Messi, Argentina, Balón de Oro, Barcelona,

Es increíble escribirlo, pero da la impresión de que acciones tan naturales y ciertamente nobles como dejarse sorprender y encontrar admiración en una persona se han convertido en sinónimo de debilidad y, peor todavía, de ignorancia.

La discusión sobre si Messi es o no el mejor futbolista atravesará generaciones completas y es seguro que la vida no nos alcanzará para observar una deliberación definitiva. ¡Qué aburrido perder el tiempo en algo tan estéril!

Los escépticos pueden seguir, por toda la eternidad, haciendo lo suyo, aquello que le da sentido a su existir.

No hay forma de saber cuántos insultos y mentiras corren por la red a cada segundo, pero sí hay forma de saber cuántos goles lleva Messi. Que tampoco es lo importante porque saber contar es fácil, aprender a disfrutar es lo difícil.

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