zlatan vela MLS

Aprendieron rápido

Por: / febrero 17, 2020

Ojo, mucho ojo. La MLS viene creciendo. Cuando los gringos se proponen algo, lo logran. Es cuestión de tiempo para que superen a México. A la gente le interesa cada vez más el futbol. Cuidado, eh… Y así, entre frases de cajón que llevan décadas siendo repetidas, la lista de clichés es ya enciclopédica. Hay una necesidad, natural o impostada (más probable esto último), de que la MLS sea una liga de verdad y que esté entre las mejores del mundo. O de menos, que pueda superar a la liga mexicana, lo cual no debería ser misión imposible.

Todo lugar común lleva consigo algo de cierto. La gente asiste más que nunca antes a los estadios y la liga es, sin duda, espectacular. Si por espectacular se entiende un gran número de goles y volteretas cardíacas; ambas, cortesía, cuándo no, de defensas desorganizadas que hacen las delicias de los enfermos del gol. Se sabe, pero pocas veces se dice, que un partido que acaba 0-0 pudo haber sido una obra maestra, con emociones, detalles técnicos, y otras abstracciones. Imposible explicárselo a quienes han sido educados con marcadores de 28-24, donde es imposible que un encuentro termine empatado.

Cada vez disminuye la edad de los fichajes estrella de la liga, y dentro de ellos, han tenido el acierto de voltear a ver a Sudamérica, donde los jugadores con talento insuficiente para ir a Europa ahora van a Estados Unidos, en lugar de Brasil o México. En términos de mercadotecnia, la MLS es ambiciosa. Nadie podría dudar que se trata de la liga de este continente más conocida en todo el mundo. Los embajadores que llegaron para retirarse hicieron bien su trabajo. Poco importa, desde luego, que el nivel futbolístico sea, llanamente, mediocre. Carlos Vela rompe un récord en su primer año, pero aunque algunos lo hayan olvidado, sus últimas temporadas en España no fueron sino decadentes. Josef Martínez no pudo hacerse de un nombre en Suiza e Italia, y allí, en Atlanta, lo ha labrado.

Los opinólogos, sobre todo los latinos que trabajan en Estados Unidos, viven embelesados con el balompié estadounidense. Se podría interpretar, por la vehemencia de sus apologías, que la señal de las principales ligas europeas está bloqueada en Estados Unidos, lo mismo que las transmisiones de la Concachampions, torneo mediocre en el que el Guadalajara más mediocre de la historia fue capaz de vencer a tres equipos de la MLS (para luego firmar la peor participación de un equipo concacafiano en un mundial de clubes). Año tras se repite todo el libreto, ya descrito en las primeras líneas.

Nada podría ser tan abyecto como la enfermiza rapidez con que quieren construir historia. La última tomadura de pelo —por lo demás, bastante exitosa— fue llamarle «Clásico del Tráfico» a un partido que se disputaba por primera vez en la historia. Qué dirían aquellos aficionados que en los clásicos de su equipo ven representada la lucha de clases, religiones, ideologías, etnias y nacionalismos. Da toda la impresión de que a ellos, los barones de la MLS, no les importa. De algo puede sentirse orgulloso el futbol mexicano: los gringos han entendido que no importa el nivel en la cancha, mientras el dinero fluya. Ese arte, en el soccer, no hay quien lo domine como México. Y si de espectáculos superficiales se trata, nadie como Estados Unidos. Aprendieron rápido de las dos escuelas.

 

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