El Dios que nunca pude ver

Por: / diciembre 1, 2020

De repente mi papá me dijo, que tuvo la fortuna de saludarte, cuando ibas saliendo de entrenar en Coapa. Aquel mágico 1986, marcó a toda una generación y te consagró sin lugar a duda. Con esa palma con la que mi padre te saludó, a mí me dio fuerza desde la primera vez que sostuvo mi cabeza cuando me vio al nacer. De alguna forma, esas partículas de la mano con la que hiciste uno de los goles más icónicos en la historia: están en mí.

 

Diego, querido: esto no es una carta pero tómalo como si fuese una. Aunque me hubiese encantado que las cosas no sucedieran así, hoy te escribo con el corazón en las manos, para poder expresar todo esto que se manifestó desde tu partida. En mí y en el mundo futbolístico…

 

Primero; yo me encontraba en el trabajo, relajándome un momento antes de escribir y comenzar con mi rutina diaria. Cuando tomé mi celular, vi que mis notificaciones eran de distintas personas, pero todas decía lo mismo: murió Maradona.

 

Ahí, tuve muchos flashbacks, como la vez que mi papá me contó sobre cuando se saludaron, el día que jugaste y volviste a Ciudad Universitaria, la tarde en donde te transformaste contra Nigeria, tu festejo contra los griegos en el 94’, esa anotación que hiciste con la mano y aquel poema escrito en la cancha, en donde te quitaste a seis ingleses para marcar el gol más hermoso de las copas del mundo.

 

Me preguntaron en la oficina el porqué la gente lloraba frente a tu mural en Nápoles y más aún; el porqué se tiraba en la calles de tu amada Argentina. Yo solo les respondí: “pregúntenle a un argentino quién fue Diego Armando Maradona”. Y es que sí, realmente explicárselos a simples mentes, es imposible.

 

Redacté tu biografía de nuevo, pues en el séptimo semestre de la carrera, ya te había dedicado una semblanza para un proyecto final. Siempre me ha gustado usar contigo la analogía del Vesubio, pues tú eres la única persona que pudo hacer temblar a una ciudad entera de nuevo.

 

Segundo, enorme gesto tuvo el Napoli al ponerle tu nombre a su estadio. Siento que de haber vivido en aquellos años, hoy, estaría más emocionado de por sí. Pero es que seamos honestos, no se podía esperar menos. Tú llegaste a Nápoles, para cambiar la historia y qué triste es que algunas personas que trabajan para los medios apenas se enteraran de eso. Perdónalos, leyenda.

 

Después del trabajo llegué con mi papá y lo primero que me dijo fue: “hoy estoy triste por el Diego”. Y déjame contarte, que ese hombre no es nada expresivo; sin embargo, lo vi cabizbajo durante todo lo que restó de la noche. Eras el ídolo de mi ídolo y eso, siempre te lo voy a agradecer. En serio.

 

La mañana del día siguiente fue como la esperaba; toda dedicada a tu persona. Las portadas de los periódicos, los programas de televisión y radio, la gente murmurando tu nombre. Eso que solo pudo generar un astro mundial como vos.

 

Y los días siguientes estuvieron más románticos, ya que el mundo futbolístico se conectó con todo honrando tu memoria. Los festejos y esos minutos de silencio dedicados a ti, son el ejemplo claro de que esto no solo es un maldito deporte.

 

El futbol llora, Diego. Y te apuesto que nada será igual desde que decidiste regresar a tu casa en el cielo. Porque todos pueden recordar tus peores acciones o lo mejor de ti; pero yo, desafortunadamente, me quedo con lo que pudo haber sido verte a los ojos y sonreír por conocerte. Algo que nunca pasó.

 

Genio, descansa en paz. Tu legado acá será eterno, así como tu persona. Y bien sabes que nos afectó muchísimo esto a todos los que amamos el fútbol, porque es cierto: los que sabemos de este deporte, entendemos que fuiste el mejor futbolista de tu época. El mejor.

Comentarios