El defensa que se convirtió en artista

Por: / noviembre 17, 2020

Javier, estoy sumamente triste por la decisión que tomaste el pasado domingo. Es más; estoy triste, desde el momento en el que te fuiste del futbol europeo y ya no sabíamos mucho de ti. Porque desde la primera vez en que amé el futbol, recuerdo haberte amado a ti, por tanta entrega en un cuerpo tan pequeño.

 

Tu historia no podría ser más perfecta: debutaste en la Selección Nacional de Argentina sin haber debutado con River Plate. Eso se lo debes al profe de profes, a Marcelo Bielsa. Ese ‘loco’ vio en ti, algo que nadie más podía ver en un muchacho que no había jugado un solo minuto como futbolista profesional.

 

Jamás he sido de River, pero debo confesar que se te veía muy bien la franja roja en el pecho. De Brasil a Inglaterra y de Inglaterra a España. Qué envidia, para cualquiera. Tus mejores momentos con el FC Barcelona los tengo presentes. Y me da coraje que no te elogiaran tanto como deberían haberlo hecho. Quitando las Champions, Ligas, Copas del Rey y todos esos títulos que ganaste allá, lo que más admiré de ti fue ese temple que mantenías en cada partido.

 

Nunca antes había visto un tiempista como tú. En cada nuevo juego me sorprendía tu calidad defensiva, el orden que ponías atrás y el carácter que le inyectabas a los mano a mano que te tocaba encarar. Pero lo que nunca -te juro por mi vida- voy a olvidar de ti: fue como te desgarraste el ano por tu país en Brasil 2014. Ver esa barrida que le metiste a Robben me dejó atónito y la tengo tatuada en mi memoria. Inefable.

 

Con la Argentina tocaste el cielo y te hundiste en el infierno. Dos medallas de oro en Juegos Olímpicos y un subcampeonato del mundo. La dualidad futbolística también la expusiste tú, como haber perdido una final de Liga de Campeones con el Liverpool y ganarla con el Barça ocho años después. Los títulos no te hicieron justicia, tú debiste ganar más de 100 trofeos.

 

No tuviste que demostrarle nada a nadie. Aunque te soy sincero, en mí, hubo algo que cambio cuando te vi jugar. Me compré tu jersey, aplaudía tus acciones y usé tus fotos de fondo de pantalla. Espero que no acabe aquí la historia, Javier. Deseo verte dirigir porque sé que con ese carácter; serías uno de los mejores técnicos del mundo. Ojalá lo podamos ver.

 

Gracias, Masche. Por la inspiración diaria que llega a mi persona cuando recuerdo cómo te tirabas para tapar cualquier disparo. Porque muchos son recordados por anotar, pero pocos son recordados por defender. Hoy, puedo afirmar, que de entre todos los futbolistas que practicaron «el arte de la defensa», tú, querido jefecito: fuiste al que más disfruté de todos.

 

De soñar con ser futbolista, te convertís en artista, para después; ser una leyenda.

Comentarios