Brasil: la semblanza del pentacampeón

Por: / abril 30, 2018

La Copa del Mundo está por llegar. Es muy repetitivo, pero siempre cierto: es la mayor fiesta que tiene el fútbol a nivel mundial. Es cada cuatro años y los verdaderos amantes del balompié, la esperan con ansias. Brasil es un histórico de esta competencia, es la selección que más participaciones tiene (20) y la que más títulos sustenta (5). Con figuras destacadas en cada generación, el Scratch Du Oro ha podido imponerse ante su rival en cada justa en donde compite. Parece que Rusia será el escenario perfecto, para el renacer de este gigante sudamericano, pero antes de presupuestar algo; debemos conocer los antecedentes. Sus antecedentes.

 

I. El Maracanazo

Ghiggia superó a Bigode, sólo quedaban 11 minutos en la pizarra, y el partido seguía empatado a uno. Barbosa esperaba un centro, de nueva cuenta, pero el jugador charrúa lo sorprendió disparando a su primer poste y silenciando a toda una nación. Uruguay era campeón del mundo por segunda vez y se coronaba derrotando con categoría y en su casa: a la Seleção

La FIFA dictaminó la sede; Brasil sería el país encargado de albergar la Copa Mundial de 1950. Manos brasileñas, incluyendo arquitectos e ingenieros, se dieron a la tarea de construir el estadio más grande del fútbol: el Estadio Maracaná. Un recinto hecho para que 220.000 almas, corearan los goles que fuesen anotados por los equipos que competirían en el césped.

El camino estaba puesto, solo 13 selecciones compitieron y el último campeón, Italia, había quedado fuera desde la primera ronda. Llegó el 16 de julio y Uruguay estaba a punto de ser partícipe, de uno de los mayores fracasos en la historia de la Selección Brasileña.

«Solo tres personas en la historia han conseguido hacer callar al Maracaná con un solo gesto: el Papa, Frank Sinatra y yo». Esas fueron las palabras que repitió, hasta el día de su muerte, Alcides Ghiggia.

Contra todo pronóstico y sorprendiendo al mundo entero, Uruguay logró lo imposible y bordó en su camiseta, su segunda estrella que lo acredita como campeón del mundo.

Ghiggia, marcando el 2-1 en la final del mundial de 1950.

 

II. Pelé y el primer campeonato

Era un niño cuando llevó a su equipo a lo más alto. Goles contra Gales, Francia y Suecia, en una segunda ronda de copa del mundo. Nadie lo conocía; pero después de su último tanto, contra el anfitrión del mundial de 1958; todos recordaría su nombre. Ahí, nació la leyenda.

Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé, es el jugador brasileño más exitoso de todos los tiempos. Consiguió tres de los cinco campeonatos que presume la Canariña arriba de su escudo.

El primero de estos títulos, fue en Suecia 58. El país local (aunque parezca increíble) llegó a disputar la final contra la poderosa selección brasileña. Tan solo bastaron tres minutos para que se abriera el marcador, en  el Estadio Råsunda, gracias a Nils Liedholm. El país nórdico, pronto perdió la ventaja; Vavá anotaba doblete a los 9′ y 32′ para voltear los papeles en el desarrollo del compromiso.

Luego, Pelé elevó la ventaja (3-1) con uno de los goles más recordados dentro del certamen: un sobrero al arquero Kalle Svensson y remate certero entre la defensa. El cuarto tanto llegó por parte de Mário Zagallo y a diez minutos del final Agne Simonsson descontaba de nuevo para los suecos. De poco sirvió la anotación rival, porque Pelé firmó, pocos minutos después, el 5-2 definitivo y con ello, Brasil era; por primera vez, campeón del mundo.

Eso, sería el comienzo de la cosecha brutal que poseen hoy en sus vitrinas. La primera de cinco. La primera de su historia.

Pelé, besando su primera Copa del Mundo.

 

III. Jules, el caliz brasileño

Cada cuatro años, las mejores selecciones del mundo compiten por la obtención del mundial. Más de una, lo ha ganado en dos ocasiones. Pero si en algún momento, un equipo alzara tres veces el mismo trofeo, se lo quedaría para la eternidad. Era algo inimaginable, pero hay una nación que lo hizo posible.

La Copa Jules Rimet fue diseñada por el francés Abel Lafleur, mide 35 centímetros y pesa 3,8 kilos. Esta copa, se entregó a los campeones de los mundiales disputados entre 1930 y 1970. Tenía, en cada costado una placa de oro con todos los vencedores (Uruguay, Italia, Alemania, Brasil e Inglaterra) grabados en ella.

La Selección Brasileña, disputaba una final más; ahora, históricamente para nuestro país, en la cancha del Estadio Azteca. Pelé llegaba con incertidumbre, después de decir que ya no jugaría más para el combinado de su país. Pero los goleadores son goleadores y pese a todo, anotó el primer tanto del partido a los 18′ del pitazo inicial. Roberto Boninsegna, se encargaría de meter la igualada para ‘Gli azurri’. 

Posteriormente, en un periodo de veinte minutos, el Scratch anotaría en tres ocasiones más y con ello, obtendría su tercera copa mundial de la FIFA. Pelé, de la misma forma, alzaría su tercer campeonato del mundo y pondría a su selección sobre todas las demás; en cuanto a títulos.

Las reglas eran claras: si un equipo ganaba tres veces la competición, se quedaría con el trofeo. Brasil lo hizo, y desde hace 48 años, tiene en sus vitrinas la histórica copa Jules Rimet.

Abel Lafleur, presentando su obra terminada.

 

IV. Consolidación y respeto

El paso del tiempo, nos permitió apreciar una generación tras otra; llena de figuras que vestían y defendían estos colores. Las eliminatorias no eran sufridas, Brasil arribaba a cada nuevo mundial caminando. Competía y era duro de vencer. Hubo tres sedes seguidas en donde llegó a la final USA 94, Francia 98 y Corea-Japón 02.

En Estados Unidos, llegaban a la final contra la poderosa Italia de Roberto Baggio. El Rose Bowl fue testigo de uno de los momentos más icónicos en la historia de los mundiales. Ya que, después de empatar a cero en el marcador global, ambas escuadras se fueron al cobro de los penaltis. Los primeros dos elegidos para patear, erraron el tiro (Franco Baresi para Italia y Márcio Santos para Brasil), después anotarían los siguientes dos; Demetrio Albertini y Romário. El tercer disparo, también fue acertado por parte de Alberigo Evani y Branco. Y para la cuarta oportunidad, Claudio Taffarel le atajó la pena máxima a Daniele Massaro y Dunga acertaba. Lo cual indicaba, que el elegido para decidir quién sería el nuevo campeón del mundo, era el ’10’ azurro: Roberto Baggio.

Baggio tiró por encima del marco y toda la plantilla brasileña celebró en el campo. Eran campeones gracias al mal cobro de Roberto, que en ese día; cumplía 27 años de edad. Sí, Baggio erró el día de su nacimiento. Un capítulo inolvidable.

El campeón calificó a la Copa del Mundo de Francia 98. Nuevamente, llegó a la final, pero esta vez fue descomunalmente superado por Zinedine Zidane y compañía. En el Stade de France, el tetracampeón del mundo (momentáneo) cayó por un marcador de 3-0 enfrentando al anfitrión de la justa. Zizou marcó un doblete a los 27′ y 45′ de la primera mitad, para posteriormente alargar el sufrimiento del rival. Emmanuel Petit, para cerrar con broche de oro, anotó al 90+3′ y estalló completo el recinto. Por primera vez en su historia, Francia se consagró y ante el más digno oponente que podía haber pedido. Eso no detuvo a los sudamericanos, ellos, querían despegarse más y más.

Cuatro años después y ya inmersos en el nuevo milenio, la generación dorada de Cafú, Lúcio, Roberto Carlos, Rivaldo, Ronaldinho y Ronaldo, consiguió meter a su país (por tercer copa mundial consecutiva) a la gran final. Asia por fin albergó una competencia de la magnitud más alta que puede llegar a tocar cada sede; y el rival a vencer, era uno de los más poderosos que pudo llegar: Alemania.

Poco le importó a Ronaldo Nazario, tener de frente a Oliver Kahn, ya que descontó en dos ocasiones a los minutos 67′ y 79′. Cuando el silbante italiano Pierluigi Collina terminó el encuentro, de nueva cuenta la historia estaba presente: Brasil conseguía su quinto campeonato del mundo.

Premio para una grandísima camada de futbolistas, que tocaron el cielo y pusieron a su nación sobre todas las demás; a nivel mundial. Desde ese momento, cuando un rival sale al campo y ve las estrellas del escudo de la Seleção, tiembla ante tanta gloria.

Cafú, alzando la copa en el 2002.

 

V. Futuro

Bien, el recorrido está hecho. Pequeño o amplio, pero ahí está. Este país es un monstruo del fútbol. La religión no existe en Brasil: solo existe el fútbol. Naces, creces y mueres viendo fútbol. Hay una frase que a mi me encanta, que dice: «El fútbol fue creado por los ingleses, pero fue perfeccionado por brasileños». Con ello, se resume todo.

Es cierto: Rusia 2018 puede ser el renacer de este titan sudamericano. Neymar Jr. tiene la gran responsabilidad de guiar a su escuadra a la conquista del tan anhelado sexto título. Y la generación que hoy tiene la plantilla brasileña, nos pone a pensar en que el sueño puede ser real.

Ya se olvidaron del fracaso de hace cuatro años; cuando el actual campeón del mundo, Alemania, los humilló en su torneo, metiéndole siete goles ante el asombro del mundo entero. ¿Por qué ya lo superaron? Porque el ejemplo lo pusieron los jugadores de 1998 y 2002, fracasaron, pero se levantaron. Y argumentos le sobran a Brasil para obtener la copa. Créanmelo.

A espera de escasos 44 días, todos queremos que la pelota ruede en tierras mundialistas, para saber si estos que jugarán por honor y gloria; lo pueden conseguir.

Festejo brasileño vs Chile, Brasil 2014.

 

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