Ricardo Osorio: injusticias del tiempo

Por: / mayo 16, 2020

Cuatro segundos. Es el tiempo exacto que pasó desde que Ricardo Osorio le regaló el balón a Gonzalo Higuaín y este lo mandó a guardar con sangre fría. El partido que enfrentó a Argentina y México, por los octavos de final de Sudáfrica 2010, quedó liquidado con esa jugada. La selección mexicana volvió a casa, como cada cuatro años, pero ahora con el escozor en el alma por haberse suicidado. Osorio quedaría condenado a los infiernos del ostracismo.

Sin embargo, permitir que cuatro segundos definan una carrera sería un pecado más grande que aquella pifia mundialista. Oriundo de Huajuapan de León, Oaxaca, Osorio llegó a los tres meses de nacido a Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México. Su talento innato para el futbol, curtido en las calles, lo llevó a las fuerzas básicas del Cruz Azul. Primero, se integró a la filial de Hidalgo, en la liga de ascenso; posteriormente, ascendió al primer equipo en 2002 de la mano de José Luis Trejo, que ya lo había dirigido en la sucursal celeste.

Sus primeras apariciones dejaron claro que era un zaguero fuera de lo común. La altura y fortaleza física no destacaban entre sus virtudes. Su 1.73 desentonaba con el arquetipo del central imponente. Pero su repertorio hacía olvidar esas nimiedades: elegante y atrevido para salir con el balón desde el fondo, fiero para ir al piso con precisión quirúrgica, y con una ubicación siempre inteligente. Ricardo La Volpe, seleccionador mexicano, no pasaría por alto esas cualidades y en 2003 lo convocaría por primera vez al ‘Tri’, a poco más de un año de haber debutado en el máximo circuito.

Con el entrenador argentino viviría un crecimiento notable. Estaban destinados a entenderse. La pulcritud e inteligencia del defensor eran precisas para el modelo de juego de La Volpe. Durante las eliminatorias se volvió indiscutible en el once titular. Del mismo modo, fue partícipe del primer triunfo de México sobre Argentina en un torneo oficial, durante la Copa América de Perú en 2004. En aquel campeonato, la selección del ‘Bigotón’ fue eliminada contra un potente Brasil por 4-0. Las críticas sobre el estratega arreciaron reclamándole por conformar un equipo con jugadores de poca experiencia.

La revancha sería instantánea. México se volvió a ver las caras con Brasil en la Copa Confederaciones 2005, antesala del mundial. Ahí Osorio mostró su mejor versión. Impasable en la marca y con una técnica soberbia para salir jugando desde el fondo. «Era una barredora; tenía una rapidez impresionante», mencionó La Volpe en una entrevista con el sitio Apuntes de Rabona, donde lo destacó como el segundo mejor defensa que dirigió, después de Rafael Márquez. La selección azteca quedó eliminada por Argentina en semifinales. Un penal errado en la muerte súbita por Osorio dio el pase a la ‘Albiceleste’. Sin embargo, el futbol desplegado por México había cautivado al mundo entero y el marcador central del Cruz Azul llamó la atención como uno de los pilares del cuadro.

Un año más tarde, llegó la graduación: jugaría un mundial perfecto. Las recursos mostrados desde su incursión en el seleccionado estallaron en la cita alemana. Su versatilidad le permitía situarse en el centro de la defensa o del lado derecho. En el primer caso, para que Rafa Márquez pudiera realizar sus clásicos trazos largos. La segunda opción, para recorrer largos metros por el costado y ensanchar el campo. Esa zaga, también conformada por Carlos Salcido, recibiría amplio reconocimiento por la valentía mostrada para jugar el balón en una zona donde pocos se atreven a hacerlo.

Argentina apareció de nuevo en el camino. México perdió 2-1 contra el equipo de José Pekérman gracias a un zapatazo memorable de Maxi Rodríguez. Pese a ello, Osorio brindó cátedra. Nunca dividió una pelota. Su pierna derecha parecía cumplir algún precepto del tipo «salgo jugando, luego existo». Se anticipó en todas las jugadas, cubrió impecablemente la espalda de Márquez y, en los últimos minutos del partido, La Volpe lo mandó al ataque como volante por derecha. Dribló a Juan Pablo Sorín «como si fuera Garrincha«, en palabras del narrador español Andrés Montes (+), quien también calificó de sorprendente que un jugador con su nivel no participara todavía en el futbol europeo.

Su actuación atrajo la mirada de Pep Guardiola, que unos meses atrás lo había enfrentado en el campeonato mexicano, cuando el catalán vistió la camiseta de los Dorados de Sinaloa. Sobre aquella tarde en que jugó contra Osorio, escribió Guardiola en El País: «Estuvo enorme. Jugó simplemente perfecto. Comentamos con Juanma Lillo y su ayudante Raúl Caneda lo impresionados que nos había dejado. Coincidimos en que tenía nivel para jugar en la Liga española». Pero la exhibición en tierras teutonas llevó al canterano cementero a otra dimensión «Osorio no sólo puede jugar en España. Puede jugar en el Madrid y en el Barça. En un grande porque en todo el Mundial ha jugado de grande. Con talento para defender (no es exclusividad de los atacantes ) y talento para atacar», continuaba Pep.

El prospecto de entrenador, que tres años después ganaría el sextete con el Barcelona, no pasó por alto la última jugada del tiempo regular, en la que Osorio venció a Carlos Tévez en un duelo directo, y al mismo tiempo subrayó su capacidad con el balón en los pies. «El mano a mano con Tévez al final del partido, llevando al argentino a la izquierda sabiendo que siempre busca ir a su derecha, es talento defensivo. Salir jugando como lo hizo él es talento ofensivo». No serían ni el Madrid ni el Barca, pero sí el Stuttgart. Osorio no saldría de Alemania.

Al lado de Pável Pardo, el zaguero fichó por un equipo de media tabla, cuyas aspiraciones estaban lejos del título. Así se lo hizo saber Fernando Meira, capitán del club. «Me dijo que con el equipo que teníamos estábamos para pelear el descenso», rememoró el oaxaqueño en entrevista para Fox Sports. Pero la realidad marcó un destino muy lejano a ese pesimista pronóstico. Paso a paso, el Stuttgart se enraizó en los primeros lugares y, en un cierre dramático, se coronó campeón de la Bundesliga a costillas del Schalke 04. Un equipo que tenía como prioridad mantener la categoría reinó en la Bundesliga, una competición que durante los últimos siete años ha sido monopolizada por el dominante Bayern Múnich. La proeza adquiere valor con el correr del tiempo. En esa nómina, compartió vestidor con dos futuras figuras del futbol alemán: Sami Khedira y Mario Gómez.

Con el paso de las temporadas, el protagonismo de Osorio en el Stuttgart disminuyó. Sin embargo, su estatus de defensa confiable se mantuvo intacto. Jugó su segunda Copa del Mundo, ahora en Sudáfrica. Ante Francia, más allá de la decadencia de Les Blues, Osorio hizo gala de lucidez técnica en la magna justa. Y llegó el día de los cuatro segundos. El hombre de la inteligencia defensiva le regaló el balón a un Higuaín que ni siquiera presionaba. El defensa que tantas veces había domado al tiempo ahora era víctima de él. Cuatro segundos que serían imborrables. Regresó a México con Monterrey, para ser campeón de liga y tricampeón de Concacaf. El pecado más grande no fue el suyo al perder el balón de forma increíble, ni el de aquellos que olvidaron quién era Ricardo Osorio antes de esa noche; el pecado más grande fue el del tiempo, porque se atrevió a ser injusto con el defensa que lo hacía todo bien.

 

 

 

 

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