LO INESPERADO SIEMPRE ES UNA POSIBILIDAD

Por: / octubre 4, 2017

El tiempo de por sí ya etéreo, toma tintes aún menos claros cuando hay un balón rodando en el césped y tras de él hay 22 almas yendo más allá de su límite para trastocar la gloria. Es así, que el arte de dar patadas se transfigura a través de la pasión en una infinidad de sentires que devienen en la épica por lo inaudito e inesperado. Porque cuando la esperanza pareciera haber muerto, el partido no termina hasta que silba el árbitro, las manecillas entonces encuentran oxígeno donde ya no lo hay y el milagro ocurre.

El Mundial de Suiza 54´ representó la quinta edición de esta justa, ahí, se albergó a 16 países: 11 europeos (Alemania Federal, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Escocia, Francia, Hungría, Inglaterra, Italia, Suiza y Yugoslavia). Tres del continente americano (Brasil, México y Uruguay) y dos por Asia (Corea del Sur y Turquía –este país soberano intercontinental ubicado en Asia y Europa en esa ocasión representaba a dicho continente–.

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FOTO: Cartel de Suiza 54´VÍA: WIKIPEDIA

Era el primer certamen mundialista al que acudía Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Francia 38´ aún le vio sobre el césped, los desastres y el caos a consecuencia sufridos por la guerra obligaron a que la disputa en la cancha se retrasase 12 años, hasta llegar a Brasil 50´, donde el convenio internacional y, por supuesto, la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación, por sus siglas en francés) pugnaron por no contar con Alemania entre sus filas. Es importante mencionar que esta selección, representaba únicamente a Alemania Federal, esto debido a que tras la Segunda Guerra Mundial y la partición del Tercer Reich en dos estados distintos, se crearon también dos federaciones diferentes, cada una con su propia selección, naciendo los equipos de Alemania Federal y de la Alemania Democrática. Ambas duraron entre 1949 y 1990, año en el cual se reunificaron formando la selección de fútbol de Alemania actual.

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FOTO: Alemania Federal VÍA: FIFA.com

Uruguay llegaba como amplio favorito, pues los charrúas en el Mundial previo se habían coronado ante Brasil por un marcador de 1-2 (47′ Friaça para los brasileños y por los uruguayos 66′ Schiaffino y 79′ Ghiggia) en el majestuoso Maracaná. Es así que buscaban no sólo refrendar el título mundialista, sino también proclamarse la mejor selección por tercera vez (la primera la conseguirían en Uruguay 30´).

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FOTO: Uruguay en Suiza 54´ VÍA: Perarnau Magazine

A pesar del subcampeonato, Brasil también daba indicios de poderse alzar con la corona. Se presentaban al máximo torneo de selecciones con algo que les definiría por siempre, tratando de cambiar la historia. Esto tiene que ver con su indumentaria, los cariocas eran la única selección que ostentaba –como hasta hoy día— el haberse presentado en cada uno de los Mundiales, y desde el inicio de estos, los colores que le vestían eran el blanco en la camiseta, así como en los pantalones cortos con algunos vivos en azul marino. Sin embargo, esto cambiaría para Suiza, pues se redefinirían en el color verdeamarela –verde y amarillo—. La reinventaba pretendía el buscar por vez primera alzarse con la Jules Rimet.

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FOTO: Brasil en suiza 54´ VÍA: Mundo Deportivo

A esta lista se suma Hungría, selección que retumbaba con fuerza para lograr la hazaña y hacerse con el título de mejor selección a nivel mundial. En Italia 34´ llegó hasta cuartos de final, en Francia 38´ quedó subcampeona al caer ante Italia 4-2 (6´, 35′ Gino Colaussi, 16′, 82′ Silvio Piola anotaron para los itálicos, mientras que para los húngaros lo hicieron 8′ Pal Titkos y 70′ Gyorgy Sarosi). Además, venían de ganar la Medalla de Oro en las Olimpiadas de Helsinki 52´ en Finlandia. Además, contaban entre sus filas con Ferenc Puskás, apodado El comandante, este jugador que se desempañaba como delantero, en ese momento militaba en el Budapesti Honvéd S. E., donde ostentaba hasta ese momento –temporada 1943/53— 287 goles en 264 partidos; sin duda el máximo referente para el combinado de su país. Aunque, sería imposible dejar de hablar de Sándor Kocsis y Nándor Hidegkuti, nombres que completaban el eje de ataque húngaro.

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FOTO: Hungría en suiza 54´ VÍA: CIHEFE

La selección nacional de Hungría de entre todas las demás, se perfilaba como candidata seria para consagrarse, incluso por encima de los charrúas. El cuadro llegaba al Mundial con un juego que era digno de respeto y miedo –para aquéllos que tuviesen la desdicha de enfrentarles–. 28 partidos sin conocer la derrota, el equivalente a cuatro años sin ser vencidos era su mejor carta de presentación.

La diosa fortuna quiso que los nuevos bríos brasileños se encontraran con la exquisitez que desglosaban dentro del campo los húngaros en los cuartos de final. El resultado fue el esperado, victoria para los europeos: 4-2 (4´ Nandor Hidegkuti, 7´ Sandor Kocsis, 60′ Mihaly Lantos y 88´ Sandor Kocsis, 18´ Djalma Santos y 65´Julinho).

El paso avasallador del equipo húngaro encontró al siguiente paso una prueba aún más complicada, en semifinal se medirían ante Uruguay. El encuentro fue extenuante y sin tregua entre ambos combinados. Parecía que los dos goles conseguidos por la selección europea (13´ Zoltan Czibor y 46´ Nandor Hidegkuti) bastarían para conseguir llegar a la final, pero los sudamericanos consiguieron el descuento para empatarles en el momento menos esperado (75′ Juan Hohberg y 86´ Juan Hohberg), lo que obligó el alargue. Ya en tiempo extra, Sandor Kocsis se hizo presente en el marcador en dos ocasiones (111´ y 116´) para extender el sueño húngaro por la Jules Rimet.

La ansiada final por fin llegó. La fecha, el 4 de julio de 1954, el escenario que recibió a los actores principales de este deporte fue el Wankdorf-Stadion (demolido el 2001 siendo reemplazado por el Stade de Suisse), ubicado en la ciudad de Berna, Suiza. Alemania Federal y Hungría serían aquellas selecciones que consiguieron llegar hasta ese último partido.

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FOTO: Estadio Wankdorfstadion VÍA: SkyscraperCity

Una vez más, muchos daban como favorita a Hungría por encima de su rival. No sólo por lo mostrado a lo largo de la competición, sino también por una estadística que parecía sentenciar ya el resultado. En la fase de grupos de ese Mundial, ambos equipos se enfrentaron, el marcador favoreció 8-3 (3′, 21′, 69′ y 78′ Sandor Kocsis, 17´ Ferenc Puskás, 52´ y 54´ Nandor Hidegkuti y 75´ Jozsef Toth, mientras que para los alemanes anotaron 25′ Alfred Pfaff, 77′ Helmut Rahn y 84′ Richard Herrmann).

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FOTO: Alemania Federal contra Hungría VÍA: http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2011/10/hungria-y-el-milagro-de-berna/

Gusztáv Sebes, entrenador de la selección de Hungría alineó sorpresivamente a un Puskás que aún no se encontraba completamente recuperado de un tobillo izquierdo completamente hinchado, resultado de un pisotón en la ronda de grupos. No deja de llamar la atención que Puskás se lesionó en ese primer partido, reapareciendo hasta la final, donde nuevamente se toparía con Alemania. Sin embargo, El Comandante con todo y una pierna logró acariciar las redes rivales con el balón al 6´, justamente fue de un zurdazo que abatió al rival. Apenas dos minutos después, Zoltan Czibor adelantó por dos a los suyos, aprovechando un desconcierto entre el cancerbero alemán Anton Turek y su defensa. Parecía una final decantada hacía un solo lado.

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FOTO: Puskás VÍA: Info Futbol Web

De pronto, imposible de prevenir, el clima soleado cambió abruptamente y consigo la lluvia regó el césped, el campo se vio maltrecho rápidamente. Esto permitió que el juego técnico de los húngaros se entorpeciera, mientras que el físico de los alemanes fue beneficiado. Y así, como el clima, el partido también dio un revés.

El guion que parecía estar ya predestinado encontró resistencia ante lo que los alemanes anhelaban. Como la lluvia, también los goles de quienes se veían abajo en el marcador también cayeron. Al 10´ Max Morlock hizo efectiva una descolgada de su extremo y definió. Poco después, al 18´, Helmut Rahn aprovechó la tibia marca rival en un tiro de esquina y alcanzó a golpear de tres dedos la redonda.

Lo que suponía la victoria de los húngaros, se fue difuminando, como el cielo azul, hasta tornarse grisáceo. Irónico no dejar de pensar que por el contrario, los alemanes encontraban luz mientras más oscuro y complicado todo pareciese.

Con el paso del tiempo, los estragos del campo hicieron lo propio en el seleccionado de Hungría, ya no sólo les pesaban las piernas, sino también el alma. Sus ataques se vieron frustrados por las manos del portero Turek.

En contraparte, los teutones hicieron suyo cada parte del pasto. Galopando sin descanso. Para su rival el paso del tiempo significó el quitarle oxígeno, para ellos éste les dio más vida.

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FOTO: Alemania vs Hungría en Suiza 54´ VÍA: Noticia al Dia

Los alemanes ahora eran quienes cargaban toda su artillería al frente. AL 84´ un centro por la izquierda fue rechazado por las torres defensivas de los húngaros. El balón cayó a orillas del área grande para Helmut Rahn, quien le tomó con la derecha, hizo un recorte hacia dentro, y entre cuatros jugadores de Hungría soltó el zarpazo con su zurda, el tiro raso recorrió con crueldad el área del portero, incrustándose venenosa y llena de esperanza por su lado derecho. La redonda entró.

Apenas unos segundos después el balón tocó de nuevo las redes, aunque esta vez en el arco contrario, Puskás había conseguido el empate para los suyos. El árbitro inglés William Ling anuló el gol del delantero por fuera de juego (http://es.fifa.com/worldcup/matches/round=3484/match=1278/classic-match/index.html).

El milagro de Berna ocurrió, se consumó. Cerca de 60 millones de alemanes escucharon ese 4 de julio al comentarista Herbert Zimmermann narrar “¡Final! ¡Final! ¡Final! ¡Se acabó el partido! Alemania es campeón del mundo, tras vencer a Hungría por 3-2 en la final de Berna”.

Esta victoria, al menos por unos instantes fue el bálsamo para un pueblo que perdió la guerra y mucho más. Cuerpos agotados que, más no así su esperanza, la cual encontró fin en eso que da el futbol, lo inesperado e impredecible. Evocar a pesar del tiempo que en Berna ocurrió un milagro.

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