La novela del River vs Boca

Por: / diciembre 11, 2018

El fútbol sudamericano se caracteriza por estar plagado de momentos eufóricos y ser en demasía fuerte. Los argentinos saben cómo morirse en la cancha y hay en ese balompié, un partido sumamente especial cada torneo. 

Creo que todos a los que nos gusta el fútbol nos emocionó saber que River Plate y Boca Juniors, disputarían una final de Copa Libertadores. Un partido, que esperaron sus hinchas 121 años para vivirlo en carne propia. La auto nombrada Final del Mundo, sería el parteaguas entre dos de las rivalidades más grandes del planeta entero. 

La final de ida fue agridulce. La Bombonera albergó un 2-2 dudoso, pero justo a final de cuentas para ambos clubes. Sinceramente no conocía el planteamiento de los dos equipos, pero sí elogiaba individualidades de cada lado (como Pratto, Nandez, Ponzio o Benedetto). Y todo quedaba para la vuelta. El Monumental estaba listo para abrir sus puertas y recibir el partido más importante en su historia; pero, nadie sabría que estaba por suceder algo escabroso.

El sábado 24 de noviembre, minutos antes de que la final se jugase, un puñado de hinchas del conjunto millonario lanzó petardos y gases lacrimógenos al camión que transportaba a los jugadores del cuadro xenienze. Yo me encontraba en la sala de mi casa, revisando mis redes sociales, cuando me llegó la noticia. De inmediato supe que habría problemas y broncas durante los 90 minutos siguientes. Siendo sincero: jamás imaginé ver un capítulo tan triste en nuestro amado fútbol. 

La transmisión comenzó con el mensaje para todos los espectadores que desconocían el tema: retraso por daños al rival. Seguían informándonos cómo estaban intégramente los futbolistas para jugar, pero la realidad era, que Pablo Pérez casi pierde el ojo y los demás compañeros tosían por el picor del gas en sus gargantas. 

Mi viejo llegó con botana y cervezas, ansioso de ver conmigo la historia pura; y fue cuando lo actualicé sobre la problemática. Ambos reímos y lamentamos el hecho. Debatimos sobre las consecuencias y los posibles escenarios a observar. Fue entonces cuando salió Alejandro Domínguez -presidente de CONMEBOL– a dar el aviso oficial: la Súper Final de América se jugaría el día domingo. Y pese a que la gente seguía en el estadio horas después del atentado, todos se vieron obligados a abandonar el recinto. 

A la mañana siguiente desperté con el comunicado oficial de Boca, el cual resumía que por inconformidad y para mantener sano a cada elemento, no jugarían la final. Comenzó de nuevo la discusión, pero me pareció lo más correcto, entendiendo la importancia del duelo y el espectáculo como tal. A la par, las directivas y los presidentes, empezaron a llegar a un acuerdo un tanto raro. Decidieron alargar la espera del capítulo final entre estos dos titanes del balompié argentino. 

En la semana fueron saliendo sedes: Paraguay, Dubai, Génova… Hasta qué, el Santiago Bernabéu apareció como la mejor opción para ser campo neutro y tener en su archivo, una final histórica para jamás olvidar. Volvimos un poco a la realidad y los fans gastaron como locos por ver a su equipo alzar un título importantísimo. 

El día tan esperado fue el pasado domingo. Retumbó el himno nacional de Argentina y también retumbaron los hinchas en Madrid. Salieron al terreno de juego los dos protagonistas de este drama para enmarcar y comenzó la batalla por el honor y la gloria eterna. Aunque mi primo, mi viejo y yo, no somos apasionados por ningún club: también nos emocionamos con lo que vimos.

El fútbol tiene muchas leyes, una de ellas es la de cobrar venganzas. Darío Benedetto tomó un pase exquisito de Nahitan Nandez que lo puso mano a mano -de nuevo- frente a Franco Armani. El delantero de Boca no dudó y clavó el 0-1 momentáneamente en la pizarra. Dejándonos a la par, una imagen para recordar siempre. 

El dramatismo puso un 1-1 después de que Lucas Pratto finiquitara una jugada preciosa a tres toques y celebrara sobrio para darle aliento a todo el pueblo de River. Después de lo prometido, hubo alargue. Media hora más por jugarse y olía a penales. O por lo menos eso pensaba.

Juan Quintero nos deslumbró en Rusia 2018 con su tiro libre a Japón, tomó la pelota y de nuevo hizo que gritáramos con su zurdazo incansable que pegó en el travesaño y puso las emociones completamente para un solo lado. Yo siento muchísimo que hayan despreciado tanto a Carlitos Tévez en la eliminatoria, pero ni hablar. 

El desenlace de esto, fue aún más efusivo. Pity Martínez corrió 70 metros, solo sin portero y con el arco abierto, para empujar el balón y darle la cuarta Copa Libertadores de América a River Plate. Explotaron todos y los tres saltamos con las manos en la cabeza. Increíble, pero brillante cierre. 

Mucho se cuestiona sobre este guion pasional que redactamos todos, pero más allá de agradecerle a Nadez su entrega, de poder poner en un pedestal al D.T de los millonarios o de simplemente aplaudir las dos exhibiciones, algo me queda claro… pasaron años enteros y Boca podrá ganarle las veces que quiera a River; pero el argumento más fuerte de todos siempre será: que papá, te ganó la Final del Mundo te guste o no. 

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