GAJOS BLANCOS Y NEGROS

Por: / Mayo 22, 2017

Brasil, cuna de carnaval interminable, arena que conduce hacia el mar que se pierde entre el cielo, de sonrisas que no se cansan, de la samba que hipnotiza y, por supuesto, de religión: futbol. Hoy día, hablar de inventiva, magia y coqueteo con el balón, es hablar de este país carioca, pues pareciera que al nacer, los niños antes de hablar, aprenden a patear la redonda. Deporte que más que eso es devoción y fe, pero no siempre fue así, antes, el futbol no pertenecía a todos.

El 13 de mayo de 1880 se enmarca como la fecha en que, por medio de La Ley Áurea  (‘dorada’, ‘hecha de oro’ en latín), el país sudamericano abolió la esclavitud. La cual fue instaurada mediante un decreto por la hija del emperador Pedro II de Brasil, la Princesa Imperial Isabel I de Bragança (1846-1921). Dicha proclamación marcó el fin de la explotación de la mano de obra esclava. Importante es decir que Brasil fue el último país en el continente americano en conciliar tal ley. Hasta antes de esto, habían sido los mayores importadores de esclavos a nivel mundial, cerca de tres millones y medio de personas, muchos de ellos procedentes de lo que hoy es Nigeria.

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FOTO Princesa isabel de Brasil via Wikipedia

Sin embargo y, a pesar de haber logrado dicho decreto, la segregación racial en el país amazónico no cesó. Y esto, en el futbol tampoco fue excepción, pues el deporte de la redonda era exclusivo de la sociedad perteneciente a la aristocracia, quienes en su mayoría, además, eran gente blanca. Las colonias portuguesas y británicas creían en la  “disposición deportiva” de no contar con jugadores negros ni mulatos en las plantillas de sus equipos.

En el año 1900, la firme creencia de que todos somos igual sin importar religión, estatus social y, en este caso concreto, el color de piel, es que el 11 de agosto tanto negros, como mulatos y blancos fundan el Associação Atlética Ponte Preta. Idea clara en argumentos que sin duda radicalizó muchos paradigmas raciales de la época. Además, la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), presume que este equipo fue el primero en todo Brasil en contar con un jugador negro dentro de sus filas, su nombre Miguel do Carmo, un ferroviario que en ese mismo año debutaría en la oncena titular. Se cuenta que las hinchadas recibían a la escuadra con hostilidad, gritando “macacos” (monos), los pontepretanos no se complicaron y adoptaron el apodo de “Macaca”, que también terminaría por ser el nombre de su mascota oficial.

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FOTO Escudo Ponte Preta via times do rs

Campinas, la región de Sao Paulo donde fue fundado el equipo, se encontraba en una zona donde años antes había existido una fuerte explotación de esclavos en plantaciones de azúcar y café, por lo que poco a poco más jugadores negros y mulatos se integraron a la escuadra.

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FOTO Miguel do Carmo via g1.globo.com

Para el año de 1904 aparecía en el mapa otro club que pugnaba más por la habilidad futbolística que por el color de piel, el Bangu Atlético Clube, que nacería el 17 de abril. Tal era su lucha racial que decidieron retirarse el Campeonato Carioca –torneo regional de Río de Janeiro, no pertenece a la Liga A Brasileña–  en el año de 1907, cuando se les negó la inscripción de jugadores negros. Las élites encargadas de organizar la competencia futbolística en Brasil no pretendían que el deporte fundado por ricos y blancos fuese jugado por pobres y negros y mulatos.

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FOTO Bangu Atlético Clube via Wikipedia

El 21 de julio de 1902 fue fundado el Fluminense Football Club, el cual era –y es—considerado uno de los mejores clubes brasileños. Pero como muchos durante esa época, mantenía una férrea regla “En el equipo no pueden jugar jugadores que no sean blancos” o “Prohibido que jueguen obreros o analfabetos”. Pero en el año de 1916 esa regla cambiaría para siempre.

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FOTO Fluminense via www.futbox.com

Debido a problemas financieros, el Fluminense no pudo realizar compras presupuestadas para ese año, por lo que los dueños del equipo tuvieron que buscar nuevo talento en distintas universidades, con el fin de encontrarse con alguien que jugase bien y cobrara poco. En su scouting se toparon un jugador tremendamente habilidoso y que, además, tenía una envidiable condición física, su nombre, Carlos Alberto, pero había un problema, era mulato.

El joven que se desenvolvía con excelsitud como creativo en el medio campo aceptó la oferta del equipo. Aunque el Fluminense tomó ciertas medidas para no provocar a sus hinchas. A diferencia de sus compañeros, Carlos Alberto no podía salir a calentar a la cancha ni acercarse a los seguidores, siempre entraba al césped cuando prácticamente se daba por iniciado el encuentro. Y lo que más ha llamado la atención es que cada parte de sí que quedaba descubierta por el uniforme la maquillaba con polvo de arroz (sustancia similar al talco), esto para tratar de emular el color de piel de sus compañeros.

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FOTO Carlos Alberto via Fútbol y pasiones políticas

Pero un partido en particular evidencio el engaño, en duelo entre el Fluminense y el America Football Club parecía ir de manera normal, hasta que comenzó a llover. Las gotas provocaron que el polvo de arroz utilizado por Carlos Alberto se cayera. El público al percatarse de esto comenzó a insultarle gritando “¡Po de arroz!” (polvo de arroz en portugués). Con el paso de los años el conjunto tricolor adoptaría el insulto como apodo y desde las gradas los asistentes lanzarían polvo de arroz para recibir a su equipo.

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FOTO Hinchas del Fluminense via zIFBoards

En 1919, la selección brasileña se coronó campeona de Sudamérica al derrotar a su similar de Uruguay en la tercera edición de este certamen por un marcador de 1-0. El artífice del gol de la victoria y reconocido como el mejor jugador de la copa fue el mulato Artur Friedereich, hijo de un alemán y una negra.

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FOTO Arthur Friedenreich via Sports-nova

Paso a paso el futbol parecía abrirse paso ante ideas tan estúpidas, pero desafortunadamente lo mismo no ocurría con el Gobierno. Para 1921 la Copa América se jugaría en Buenos Aires, Argentina, la selección albiceleste dos años atrás se enfrentó a Brasil, encuentro donde hubo altercados y cánticos racistas  por parte de los argentinos. Ante esto, es que el Presidente de Brasil Epitácio Lindolfo da Silva Pessoa (de 1919 a 1922) formuló un mandato de blancura, ordenando que no se enviara ningún jugador mulato o negro, justificando razones de prestigio patrio. De los tres partidos que disputo esa selección, perdió dos y empató uno.

A pesar de las dificultades que representaba el ser negro en Brasil, llegó 1958, donde el combinado carioca fue realmente eso, una mezcla de diversidad que terminó por conquistar la primera de sus cinco Copas Mundiales (Suecia 1958, Chile 1962, México 1970, Estados Unidos 1994, Corea-Japón 2002). Desde ese momento hasta ahora es que precisamente la mayoría de las figuras son resultado de un mestizaje que ha explotado a creces esa pasión natural por el futbol.

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FOTO Brasil campeona de Suecia 1958 via El Gráfico

E irónicamente, de acuerdo a números del 2013 otorgados por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), de los 191 millones de brasileños, el 47,7% (91 millones) se declara blanco; 15 millones dijeron ser negros, 82 millones mulatos, dos millones amarillos y 817.000 personas aparecen registradas como indígenas. Por vez primera,  la población negra y mulata de supera a la blanca.

Complicado fue el paso de quienes se aventuraron por algo más que la lucha de simplemente jugar. El futbol lleno de reglas y rectitudes se tornó de un colorido jamás imaginado,lo ideal seria que toda esa magia, samba y sonrisas con que impregnan al futbol pueda trascender más allá, lo justo sería que todos seamos iguales sin la necesidad de un balón de por medio.

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