En memoria de Sala

Por: / febrero 12, 2019

La mañana del 22 de Enero, desperté con una noticia alarmante: habían reportado como desaparecido, al entonces futbolista del Nates, Emiliano Sala. Según los últimos reportes el avión en el que se encontraba viajando no tenía paradero. Me preocupé, podía oler la tragedia. 

Empecé a documentar los hechos y aunque me duele confesarlo: sabía que esto no terminaría en nada bueno. Me puse a pensar en todas las personas que no han sido encontradas aún, en nuestro país. Creo que la mayoría de nosotros sale a las calles con miedo a no poder volver a su hogar. Pero nosotros somos “personas normales”, los famosos -en teoría- tiene más chances de recuperar a alguien. O eso creía yo. 

Las labores de rescate empezaron. El Cardiff City (equipo al que llegaría Emi) movió cielo, mar y tierra para saber de su paradero. La conjunción de personalidades importantes, el cuerpo de seguridad y los conocidos del futbolista, hicieron que el seguimiento permaneciera día con día. 

Cuando la policía de Guernsey hacía oficial el deslindamiento del caso, caí en impotencia. Ni siquiera pudieron alargarlo un poco más para dejarnos tranquilos. Porque la realidad es que encontrar el cuerpo en todo el Canal de la Mancha, era una proeza. 

Escuchar ese audio, puta… Me partió el corazón en mil pedazos. Sigo sin entender en qué momento y cómo sentiste la muerte. Fue muy desgarrador interpretar tus palabras en ese comunicado. Aquí rectificamos todos: que firmaste tu despedida. 

Encontraron tu cuerpo el pasado domingo. Al fondo del maldito Canal de la Mancha. Tu familia ayudó dando muestras de ADN, para agilizar la verdad. Qué duro. Terrible. No encuentro un solo adjetivo positivo para esto, viejo. Perdóname por no haberte escrito antes algo, o por no alabar tus goles en Francia. 

Te homenajearon, sé que pudiste verlo. En todo el mundo hubo aplausos a tu nombre, pero lo de Nantes fue soberbio. Ver las lágrimas de tu último D.T, me hizo ponerme a pensar en la confianza y cariño que te brindó durante tu estancia. En la sinceridad del compañerismo entregado por la plantilla y en la afición, ese tumulto de gente que nunca se va y entiende lo que es el amor real. Todos unidos por una sola causa: tú. 

Lamentablemente te nos adelantaste, Emiliano. Yo no conocía mucho sobre ti, pero te juro que ahora te recordaré siempre. Me duele mucho pensar que a los 28 años perdiste la vida. Todavía tenías más goles que dar. Ahora ten por seguro que ninguno de los que supimos sobre tu caso, te olvidaremos. Mucho menos tus seres queridos y tu perrita Nala. Si creías en el cielo: llegaste ahí. 

Descansa en paz, querido goleador. 

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