El recuento de los daños

Por: / julio 4, 2018

Pasó, una vez más. Y no hagamos hincapié en “imaginar cosas chingonas”. La mente humana es tan grande, que pude generar diversas cosas poderosas. Pero imaginar no basta en el fútbol; hay que hacer. 

Samara fue testigo. La Selección Nacional de México cayó ante el pentacampeón del mundo, en octavos de final. Un decente 2-0 acabó con la ilusión de más de 100 millones de mexicanos y puso en debate -de nueva cuenta- si algún día se podrá acceder al tan anhelando quinto partido. 

El juego fue un conjunto de solidez momentánea y confusión final. Brasil dejó que México tocara la pelota y lo contuvo gracias a la gran muralla defensiva que presentó. A pesar del eterno capitán y su maravillosa virtud de dirigir a sus compañeros en el campo, no pudieron hacerle gol a los sudamericanos antes del medio tiempo. 

Guillermo Ochoa se convirtió en un talismán y confirmó: que fue el mejor jugador dentro de ese rectángulo verde. Atajó -como hace cuatro años- todos y cada uno de los tiros que generaban los brasileños. Es cierto; dos veces cedió y fueron las mismas que le terminaron por anotar. Pero Memo fue pieza importante en ésta travesía. 

Deberían darse cuenta de algo: esta vez no hubo a quién culpar, porque Brasil fue el único “responsable”. No hubo errores arbitrales. No hubo un Ricardo Osorio que la regara. No hubo fueras de lugar no marcados. No hubo injusticias. No hubo nada como en los otros mundiales. Porque ahora, se perdió por el juego del rival. Simplemente eso. 

Otra cosita: esta generación disputó tres copas del mundo. Ojo ahí. No todos, claro está, pero la mayoría de individuos, lograron establecer un vínculo y compartir vestidor por dicho tiempo. ¿Qué quiero decir con esto? Probablemente, tardará en llegar otro conjunto, portentoso, a un certamen tan demandante como el mundial. Por eso es que en la Confederaciones pasada dije, que ese trofeo, debía ser el mejor premio para ellos. No se consiguió y ya sabemos porqué. Nombres significativos como los de Rafa Márquez, Héctor Moreno y Carlos Vela, ya no estarán más en otro proceso con el convidad tricolor. 

Sí, lloré mucho, pero a diferencia de los últimos mundiales, por fin pude entender que no debía quedarme con lo mínimo. Escribí mis conclusiones del partido, despejé mi mente y continué con lo que seguía. Es duro, pero al fin lo comprendí. 

Afortunadamente tengo algo para contarle al mundo entero, y fue ese 0-1 sobre Alemania. Pasarán los años y estaré repitiéndolo: fue el partido perfecto. Quizá no se cumplió el objetivo primordial, pero el duelo inicial marcó un antes y después en la historia. ¡Le ganamos a Alemania, por Dios! 

Para que México pueda romper con todo lo malo y dar ese gran salto, si debe existir continuidad y mucha estructuración en la plantilla. Lo hemos visto con potencias europeas, ojalá ya se empiece a tomar en cuenta con los nuestros. Qatar 2022 es la siguiente parada, ya sin grandes nombres. De verdad espero que se mejore en lo básico, para generar algo más. Porque lo merecemos. Porque se puede lograr. Y te apuesto que ahí, vamos a estar.

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