El consentido de CONCACAF

Por: / julio 5, 2019

Dos partidos agridulces tuvieron que pasar, para que otra vez volvieran las críticas del medio hacia la Selección Nacional. Y es que cada juego es una nueva oportunidad para alabar o destrozar a alguien. Gerardo Martino ha cumplido en nueve de nueve compromisos, solamente que sin ser la mejor versión de esos 23 futbolistas convocados. Pocos, realmente, son los que se salvarían de esto.

El encuentro contra Costa Rica fue emocionante al final, pero empezó la confianza sobrada a emanar de todos los elementos que salieron a la cancha aquella noche. El rival no era para nada fácil y se vio reflejado en un duelo maduro que disputó México dentro del tiempo establecido. No, no era penal de Luis Rodríguez, pero aún así la ayuda no pudo dejar de ser para los nuestros. Guillermo Ochoa atajó y se convirtió en el héroe, pero solo eso y nada más.

Haití, en teoría, debió ser pan comido. Otra vez: empezaron a subestimar al rival. Se jugaron tiempos extra y Raúl Jiménez pudo sacarse la espina de aquella falla en el partido anterior; anotando ese penal que llevó a la clasificación de la final obligada. La celebración realmente no existió. No hubo festejo alguno y es que los jugadores sabían el papelón que estaban haciendo; hasta ese momento.

Más allá de todo esto, el problema sigue siendo cómo se presentan en la cancha los pupilos de Martino. Su juego no es compacto. Se complican demasiado hasta para dar dos pases seguidos y terminan por arreglar lo que descomponen momentáneamente. Aunque hayan llegado a Chicago, las dudas sigue existiendo.

Ahora bien, llegó el momento cumbre. Estados Unidos no anda para nada bien, se debe aprovechar eso y alzar la copa. Como si fuese un niño chiquito, al que se le deben de cumplir todos sus caprichos y deseos: México jugará para ganar la undécima y refrendar su corona, como ya lo he mencionado antes. Nos guste o no, acá nos tocó vivir y con ese nivel de zona, debemos sacar lo mejor para las eliminatorias. Ya lo sabemos. Es la realidad.

El domingo nos enfrentamos al odiado rival, en su casa y con su gente. Por la supremacía, por el honor, por el dulce que más le gusta a ese nene caprichoso: ese, que le pide a su madre cada cuatro años.

Comentarios