ALMAS QUE NO SE DERRUMBAN

Por: / septiembre 22, 2017

“El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes.” (Jorge Valdano)

Y la tierra rugió, y entre estruendos cimbró, más no quebró ni derrumbó todo, nuestra alma aún está intacta.

Instantes que han marcado ya la memoria colectiva de una nación, de un pueblo, de millones de hermanos que no tienen otra consigna que la de no doblegarse ante la siempre caprichosa, incomprensible y hermosa naturaleza.

Vaya odisea la que ante nosotros se presenta. Cánticos llenos de fiereza que injurian al silencio y retan a la desolación, transpiramos por las gargantas. “¡Ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones!”.

El olor a pasado se refleja en los ojos de quienes viven lo que ya fue, pero también –y por fortuna— esa pasión desbordada por ayudar a aquél de quien no saben su nombre. Esta proeza encuentra sinónimo en generaciones que quieren construir su propia realidad y no sumirse en el letargo de lo insensible.

Cuerpos cansados, sí, más no así el sentir de aquéllos que gritan “¡Sí se puede, sí se puede, sí se puede!”. Jamás había tenido tal simbolismo este clamor. Lo imposible es una posibilidad.

En esta contienda que sumerge a nuestro pueblo, es importante no olvidar que otros países se han sumado para brindar apoyo –en todos los sentidos posibles–. Es aquí donde sin importar nacionalidad, creencia religiosa, color de piel, ideología política, preferencia sexual y hasta banalidades, recordamos que somos personas.

Cierto es que la pesadumbre se llevó consigo lo irremplazable. Pero la memoria no debe menguar, esto les hará eternos.

Juan Villoro escribió en su libro Dios es redondo: “Las fiestas mexicanas suelen tener un curioso desarrollo. Lo primero que se acaba es el hielo, luego el agua mineral y después los refrescos. Lo último que se acaba es el alcohol. Lo mismo sucede en los estadios. Cuando el triunfo, la fama y la gloria ya se han ido de la cancha, nuestra pasión sigue intacta”.

Y la tierra rugió, y entre estruendos cimbró, más no quebró ni derrumbó todo, nuestra alma aún está intacta.

 

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